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Por qué nos tienta más la comida chatarra y los dulces?

Contenido editorial

Comamos mejor
Somos más fuertes que las redes, las corporaciones y la herencia.

Me voy a tomar el atrevimiento esta vez de hacer una nota de contenido editorial puro.

Tengo dos hijos de 3 años, 25 años de nutricionista y una figura que está lejos del ideal según los medios e incluso algunas aseguradoras de riesgo.

Sin embargo, puedo decir con orgullo, que mis hijos jamás comieron azúcar, chocolates de kiosko, galletas procesadas o gaseosas.

También puedo decir que más de una vez los tildaron de «pobrecitos» y a mi de Sargento Obsesión ante tamaña crueldad.

Uno de mis recuerdos más vividos de los primeros años es un pan que hacia mi papá. Lactal blanco, mojado en leche y huevo, cubierto de azúcar y canela. Todavía lo puedo oler.

Somos de familia polaca, de esas de la guerra, donde nada se tira, toda caloría hay que guardar porque nunca se sabe. Más es mejor y si hay rollito quizás si nos invaden los extraterrestres, nos protejan de los rayos pentatlónicos.

Ya perdí la batalla personal, aunque sigo intentando. Dejé de ver televisión, no paso cerca de kioskos, pido café si quiero postre e intento mirar a mis hijos para que me enseñen:

Ellos van a un cumpleaños y elijen no comer o me piden frutas o galletas caseras, prefieren el agua a la gaseosa, y cuando se dan un atracón en con frutos secos. Esa es la comida que los reconforta, su «comfort food» como le dicen. La comida que asocian al abrazo, al hogar y la paz. Son felices, y me hacen luchar con mis recuerdos de leche y miel como dice más de una canción que habla de niñez. Va a pasar más de una generación de artistas musicales para encontrar otra metáfora tan buena. Aunque la canela va bastante bien posicionada en la música romántica española.

Hay gente de la industria y cocineros de la “comfort food” – si, existen, especialmente en redes- que aseguran que tenemos que aceptar que las empresas ya ganaron con 4 P del marketing (Precio, Posicionamiento en los lugares de venta, Publicidad y Producto). Yo creo que sólo en parte.

Se justifican con historias como si hubiera como Gargamel, Skeleton y El comandante de Kaos (ahora ya saben cuantos años tengo) trabajando en la ingeniería de alimentos para hacerlos más atractivos a nuestras papilas, receptores estomacales e intestinales y a engañar nuestro cerebro para  llenarnos de comida basura y que no tenemos chance de ganar. Vamos muchachos. Pura politiquería barata. Es nuestro estómago y nuestro bolsillo.

Hace poco, viendo las redes sociales, esas que leemos todos los que somos, o trabajamos, o tenemos familiares o amigos con diabetes me doy cuenta de que finalmente todos caen en el lugar común del «premio» o «aprovechamiento» de una hipoglucemia para comer una de esas tortas llenas de dulce, o hamburguesas de cajita feliz, pero la más grosera, obvio.

Hoy propongo que aceptemos nuestra responsabilidad. Aprendamos a cocinar rico de una buena vez y apaguemos la ansiedad. Descubramos la nobleza de una manzana de las buenas, de un pomelo rosado o de una hamburguesa casera con pan y verduras grilladas. Esa es la foto que quiero ver en Instagram.

Les pido por favor que no usemos la excusa del costo de los alimentos por qué si hablamos de snacks creo que manzana mata alfajor y los frutos secos…les voy a compartir un secreto, no se compran en el kiosko en paquetito individual, se compran en la dietética.

Dejemos de ser abogados del diablo y enfrentemos la ansiedad con tomate cherry. Replanteemos sin miedo nuestra postura y bajemos ese post con el helado de heladería de apellido italiano y contemos cuanto disfrutamos el casero de fruta que mandamos ayer con la licuadora.

Como ves, no te hablé de diabetes. Esta postura es independiente de los Hidratos de Carbono. Es simplemente una reflexión para que sepas que estás eligiendo tu veneno…y el de tus hijos.

Escrito por Carolina Rieger

Creadora del Sitio
Lic en Nutrición
Especialista en deporte
Manejo de redes y comunicación

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